Cambiar la percepción de la sidra, no es una tarea sencilla. Culturalmente ligado su consumo a las fiestas de fin de año, casi de manera exclusiva, Real, la marca lider, se propone ampliar sus horizontes. En lenguaje K sería algo así como “Sidra para todo”. Para festejar, desde que juntaron once para el fútbol hasta un 4.50 en semiología, pasando por el acierto de un regalo o un avance en el adiestramiento del perro: “Porque no importa el motivo, lo importante es que sea Real“. Otra manera de decir lo que siempre dijo la marca: “Siempre hay un motivo Real para brindar“.
El desafío es bien complicado para la gente de Lado C que, con Festejos, está dando el primer paso de un largo e incierto proceso de “reconversión” del producto. Su primer obstáculo: la tradición. Esa que asocia fuertemente al producto a la Navidad y al Año Nuevo. Como el pan dulce y el turrón. Habrá que ver como continúa este proceso de desanclaje, porque el puntapie inicial no rompió abiertamente con la costumbre, más bien se eligió un camino elíptico, el de “llega la época en donde la gente festeja” en el que el espíritu de Felices Fiestas subyace en un segundo plano en las decoraciones luminosas y atmósferas. Si uno se fija en lo que pudo hacer la comunicación con el champagne y el fernet, da para ser optimistas; pero si uno repara en los infructuosos intentos de la categoría aperitivos, no tanto.




